looney tunes

Posted: septiembre 3, 2010 in cartas desde el silencio, Historias Mínimas, MUSICAL BOX
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El tipo ése, que ya conoces porque he hablado de él aquí, sí, ése al que le gustan las azoteas, los aviones, las nubes y el viento, me cuenta una historia mínima, pequeñita, de ésas que no salen en los libros y que no importan a nadie, de ésas que pasan por la calle a nuestro lado y no son sentidas. Me dice:

Llego a casa y me meto en el cuarto, mi cuarto, 10 metros cuadrados donde tener que vérmelas con libros, la mesa, los discos, los cuadros, más libros, la cama (por suerte minúscula)… El día ha sido agotador. La semana es agotadora. Y busco entre los discos sin ganas y sin un claro objeto que encontrar. Y de repente me encuentro con un viejo disco que hace tiempo no escuchaba. Ni siquiera sabía que lo tenía. Nico. Joder qué guapa era. Entonces, cuando nos afilábamos los dientes para comernos el mundo que se nos ha merendado, todos estábamos enamorados de ella. Adictos a Terry y por desidia a cualquier coñac de otra marca que, incluso, fuera mejor que el Terry. Nico en blanco y negro en la tele del blanco y negro de la época negra en la que ese tipo mínimo con bigotito y mano de marioneta jodía a todos. Nico montada en un caballo blanco por una playa vacía. Joder. Nico. Y nos enamoramos de ella sin saber que era Nico, la de la Velvet Underground. Cuando lo supimos, entonces ya nuestra filia por el coñac se convirtió en una tendencia lacanianaonanista desviada, pero intensa. Y pongo el disco. Y The End.

Me cuenta eso y algo más que no viene a cuento. Yo vuelvo a casa. Leo. Primero leo en la prensa que la contaminación de todo tipo producida por los efluvios blogerostwiterosfacebookeros empieza a ser preocupante. Parece que todos creemos que tenemos algo que decir. Y escribimos y publicamos y lanzamos a la red y eso que llaman la blogosfera es lo más parecido al espacio interestelar lleno a saturara de basura espacial, de chatarra cósmica. Y luego me paso a leer el libro de Eloy Fernández Porta, €RO$, la R va dentro del circulito y así marca registrada. Es un libro más que interesante (y además me hace reir, lo que es de agradecer tratándose de un ensayo). Y en él también se habla de esa estúpida manía que nos ha pillado: escribir, publicar… Nada peor que dejar un gran invento en manos de tipos como…, como yo o como otros muchos millones que todos los días creen que tienen algo que contarle a alguien que, por supuesto, ni ganas de que le cuenten. Antes, en los viejos tiempos, éramos pesadosbobaliconessentimentaloides y llenábamos libretas y cuadernos, cuartillas y papeles de poemas y prosas, pero no las exponíamos. Y ahora. Menuda pesadilla.

Y estoy pensando esto y de repente es cuando me acuerdo de la canción de la que me ha hablado ese tipo que hoy ha bajado por fin de las azoteas y no ha buscado aviones y no se ha entretenido con las nubes.

Y decido.

Hay gestos y gestos. la vida es la colección de gestos que merecen la pena. Por ejemplo: ese 1 de enero de no sé cuándo que me levanté y abrí el cajón y rescaté carpetas y cuartillas de escritos y los baje en dos bolsas al contenedor de papel. Y sí, me sentí liberado. Y ahora, como también me apetece sentirme liberado, pues voy y me desenchufo. Pincho el blog, me sumergo en el sweet y que le den a las tears.

The End es una hermosa canción. También cuando es Jim Morrison el que la canta.

Recuerdo cuando esta canción aparecía en Apocalypse Now

Venga, vamos. Todos afuera que se cierra el garito.

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