Entradas clasificadas como ‘Reflexiones en voz alta’

http://www.flickr.com/photos/utk57/collections/72157606325865908/
Aún le persigue la pesadilla que la última noche le ha roto en mil pedazos el sosiego de las sábanas. En eso vienen concictiendo sus Mil y una noches desde que era un niño con capacidad para recordar. De repente el sueño nocturno salta en mil pedazos y sus esquirlas, metralla de pesadilla, le abren viejas heridas que vuelven a sangrar. El sueño infamante nace como un torrente de voces que son más bien gruñidos, gritos imperativos acompasados por ruidos de pisadas bélicas, sonidos amenazantes de armas hambrientas de muerte, linternas que con su foco feroz golpean las pupilas y reducen la visión a una ceguera blanca. Y entonces su cuerpo se contrae en todas las posturas del miedo. Y destila un sudor de llanto. Y siente el dolor de unos músculos apaleados por la tinieblas. Debería estar acostumbrado, piensa mientras su andar ensimismado balbucea pasos por las calles de Ammán, pero cómo habituarse al miedo.
Cuando esto ocurre, últimamente con más frecuencia, se despierta ahogando un gemido-llanto-grito. Abre los ojos y en la saqueada penumbra de su cuarto piensa que le han robado el nombre. Ese nombre que es el de su gastado padre, el mismo de un abuelo que murió lejos cuando los uniformes de la estrella de David invadieron sus tierras para expulsarles de ese pequeño paraiso de huertos y aromas.
Me despojan del nombre, piensa. Y entonces ya soy menos que nada porque ese nombre heredado es lo último que le queda al exiliado, piensa. Porque yo no soy un refugiado sino un exiliado y ahora mi nombre es el último reducto de un hogar al que no puedo regresar, piensa.
Y yo le miro. Lo rescato del paisaje feo de Ammán. Le veo ensimismado, recortado contra el desconchado muro, amarillo que se cae a pedazos como el viejo taxi en el que estoy sentado, camino del centro de la ciudad vieja. Le contemplo venir desde la nada caminando derrotado hacia la sombra.
El taxista que me lleva intentando orientarse en esta ciudad que tampoco es la suya es uno más de esa legión de exiliados palestinos. Estoy tentado de preguntarle si también él se despierta en la noche creyendo que le han robado el nombre.No digo nada. Empuño mi cámara y camino hacia otra historia.
Categorías: Fotografía · Historias Mínimas · Reflexiones en voz alta · Relatos
Etiquetado: Fotografía, Historias Mínimas, Microrrelatos, Miradas
Mírala mirar. Fíjate en su rostro aniñado y sobre todo fíjate en su mirada. En muchas ocasiones merece la pena detenerse en una foto que acompaña a una noticia. Prestarlr atención y no despacharla como si se tratara de una simple ilustración, algo para ser visto de forma rápida, en el bus o en el metro, en la barra de un bar delante de ese café en el que has depositado la esperanza de que arrastre los últimos ecos del sueño.
Míra la foto. Penetra en ella como si te sumergieras en una ciudad desconocida, sin planos ni guías, cargado de preguntas.
Ayer vi la foto mientras el verano era un chiringuito, un martini, un cigarrillo y la piel humeda aún después del último baño. Y sigo anclado en ella. Pienso tantas cosas cuando gravito en torno a esa mirada. A veces son dudas, como por ejemplo qué demonios expresa (sorpresa, aturdimiento…) En otras ocasiones son perplejidades, como cuando pienso que si me hubiera cruzado con ella en la calle me habría parecido tantas cosas, tantas… salvo una: Jamás la habría imaginado observando atentamente el objetivo sobre el que descargar una violencia alucinada. ¿Qué expresaron esos ojos aniñados en el momento de la explosión de un coche bombz que ella y sus colegas de crimen habían colocado en una casa cuartel para matar a quoenes dormían? ¿Qué brilló en ellos cuando supo de la muerte de ese guardia que tal vez si se hubieta cruzado con ella habría pensado que qué linda la mirada de esa chica de rostro aniñado?
Categorías: Fotoprensa · Reflexiones en voz alta
Etiquetado: Actualidad, Fotoprensa, Opinión
El humor o es inteligente o no es humor. Ya sé que triunfa casi siempre otro tipo de humor: el chabacano; el cacaculopis. Pero has de creerme, el humor de verdad es aquel que primero te inventa una sonrisa o una carcajada y enseguida te agita las ideas, torbellino que te incita a pensar.
Me ocurre con Forges y con El Roto. Me pasaba con el añorado Perich. Viñetas en la prensa que son artículos de opinión. He de confesar que lo primero que miro en El País es la página de viñetas.
Y aquí está ésta aparecida ayer, tiempo de verano, cuando los periódicos adelgazan en contenido y nos regalan con suplementos veraniegos. Ya se sabe, en vacaciones no me molesten. Tiempo ritual en el que parece que lo único que hay que mostrar es un cuerpo-fibra o un cuerpo-carnes. No me inquieten al veraneante. Hablenle del lado bonito de la vida. Lo demás no importa. Bueno, como hay que vender añadan algún contenido morboso: los sucesos. Lo demás me lo van olvidando.
Y entonces Forges y uno de sus matrimonios maduritos. Y el hombre con un periódico en las manos. Pensando. Pensando en PRIORIDADES. Introdúcete en su pensamiento. Lee, reflexiona y tal vez te apetezca añadir otras prioridades a la lista. Y es que por mucho que se empeñen los programadores de vidas, la vida no se detiene en verano.
Categorías: Humor Inteligente · Reflexiones en voz alta
Etiquetado: Actualidad, Humor, Imagen, Pensamiento crítico

La semana pasada coincidieron en los medios esta fotografía de los líderes del llamado G-8 que finalizaban su reunión para debatir los problemas del mundo (especialmente para hablar de la crisis económica, la primera crisis del capitalismo globalizado) y la que ahora verás. No es, esta segunda, una imagen que se pueda observar sin sentir el espanto más absoluto. De hecho, si cuando la veas no sientes nada o simplemente te llama la atención por considerarla morbosa, deberías irte a un espejo, mirarte a los ojos y preguntarte quién demonios eres. Bien, la foto en cuestión es esta que incluyo ahora.

Es posible que conozcas la noticia. Un cayuco fue rescatado cerca de la costa española. La mayoría de quienes iban en él se encontraban en un estado lamentable después de su viaje en pos de la vida. Algunos se habían quedado por el camino. Más ahogados en el mar. No creas que quiero con esta imagen criticar a las personas que están izándolos desde su embarcación a tierra firme. Ellos hacían lo que tenían/podían hacer. Pero ahí están. África en el contenedor. Medio muertos que huyen de la muerte. Personas que sí entienden, seguro, ese fragmento final de El corazón de las tinieblas, una hermosa novela de Joseph Conrad: “El horror, el horror”. La noticia la puedes leer en El País.
Dos fotos en la misma semana. En la vida las cosas no se dan sin relación. Todo es parte de un gran sistema en el que uno ha de intentar, si quiere comprender de verdad las cosas, buscar relaciones. ¿Cómo relacionar estas dos fotos? Leyendo las crónicas sobre el G8 y su reunión de ricos preocupados por los problemas del mundo, había un elemento que me llamó la atención. Quienes redactaban la crónica señalaban que este grupo de personajes mundiales habían decidido “pasar” de África. Le daban la espalda a África (¿alguna vez no se la han dado?). Para estos líderes mundiales la pesadilla es la crisis que afecta a diferentes bancos e instituciones financieras. Los ahogados, los hundidos, los que viven en el filo de la navaja no les quitan ni un segundo de sueño.
¿Terrible? Sí. Este mundo moderno es así. Los salvados y los hundidos o, si lo prefieres, los pocos que vivimos y los muchos que apenas sobreviven. Estuve rumiando las noticias sobre la cumbre del G8 y sobre la catástrofe humana de los cayucos y las pateras y no podía dejar de pensar en la primera de las fotos que he incluido aquí. Al final esa foto se convirtió en esta otra:
Vale, sí, ya sé, es algo burdo, pero te juro que me sentía fatal cada vez que veía y relacionaba las fotos de la cumbre y las fotos de los inmigrantes medio muertos que habían dejado atrás a los muertos y a la muerte (a la que es posible que les devolvamos). No sé. Todo es a veces terrible. Los sueños de la razón producen monstruos escribió y grabó Goya hace mucho, mucho tiempo. Y sigue siendo así. Aunque ahora, también es cierto, mientras los cuerpos de los africanos eran izados en contenedores en Madrid la gente se agolpaba en las oficinas de Telefónica para comprar el iPhone.
Categorías: Reflexiones en voz alta
Etiquetado: Actualidad, Foto prensa, Inmigración, Pensamiento crítico