Aún le persigue la pesadilla que la última noche le ha roto en mil pedazos el sosiego de las sábanas. En eso vienen concictiendo sus Mil y una noches desde que era un niño con capacidad para recordar. De repente el sueño nocturno salta en mil pedazos y sus esquirlas, metralla de pesadilla, le abren viejas heridas que vuelven a sangrar. El sueño infamante nace como un torrente de voces que son más bien gruñidos, gritos imperativos acompasados por ruidos de pisadas bélicas, sonidos amenazantes de armas hambrientas de muerte, linternas que con su foco feroz golpean las pupilas y reducen la visión a una ceguera blanca. Y entonces su cuerpo se contrae en todas las posturas del miedo. Y destila un sudor de llanto. Y siente el dolor de unos músculos apaleados por la tinieblas. Debería estar acostumbrado, piensa mientras su andar ensimismado balbucea pasos por las calles de Ammán, pero cómo habituarse al miedo.
Cuando esto ocurre, últimamente con más frecuencia, se despierta ahogando un gemido-llanto-grito. Abre los ojos y en la saqueada penumbra de su cuarto piensa que le han robado el nombre. Ese nombre que es el de su gastado padre, el mismo de un abuelo que murió lejos cuando los uniformes de la estrella de David invadieron sus tierras para expulsarles de ese pequeño paraiso de huertos y aromas.
Me despojan del nombre, piensa. Y entonces ya soy menos que nada porque ese nombre heredado es lo último que le queda al exiliado, piensa. Porque yo no soy un refugiado sino un exiliado y ahora mi nombre es el último reducto de un hogar al que no puedo regresar, piensa.
Y yo le miro. Lo rescato del paisaje feo de Ammán. Le veo ensimismado, recortado contra el desconchado muro, amarillo que se cae a pedazos como el viejo taxi en el que estoy sentado, camino del centro de la ciudad vieja. Le contemplo venir desde la nada caminando derrotado hacia la sombra.
El taxista que me lleva intentando orientarse en esta ciudad que tampoco es la suya es uno más de esa legión de exiliados palestinos. Estoy tentado de preguntarle si también él se despierta en la noche creyendo que le han robado el nombre.No digo nada. Empuño mi cámara y camino hacia otra historia.
